Puerto Vallarta, Jalisco. 6 de Junio del 2019

 

NAASÓN EL APESTADO

Los políticos mexicanos le lamían las talegas y presumían de ello; su influencia política en todo el país, pero sobre todo en Guadalajara y Puerto Vallarta, era tan grande que el candidato que gozaba del apoyo de la iglesia de “La Luz Del Mundo” podía presumir, y de hecho lo hacía, de tener “ganada” la elección cualquiera que fuera su filiación política. Tal era el poder de Naasón Joaquín García, líder de la referida iglesia y autodenominado “Apóstol de Jesucristo” (como lo fue también su padre y su abuelo), que hasta la Secretaría de Cultura utilizó en días pasados el Palacio de Bellas Artes para hacerle un homenaje por sus 50 años de edad. ¿Pero qué pasó?
Pues nada amable lector; que ayer que lo agarraron se convirtió en “el apestado” de todos aquellos que otrora le presentaban sus respetos y casi le rendían culto. Lo hacían, no obstante que conocían las historias que se narraban sobre los abusos sexuales que ya desde los tiempos de Samuel Joaquín García, padre del hoy “apóstol de Jesucristo” Naasón Joaquín García, se cometían en esa institución religiosa. Porque, aunque a mí nada me consta y ofrezco este espacio para la debida réplica si es necesario, sepa usted que esto de los abusos y violaciones no es nuevo; ya al padre de Naasón se le acusaba de tales prácticas, pero en México nada se hacía y lo que es más, se cuenta que los expedientes de quienes acusaban abiertamente lo que ahí sucedía, desaparecían de la Procuraduría, hoy llamada Fiscalía. ¿Cómo pasaba esto, si es que quienes lo cuentan dicen la verdad? Muy sencillo: El que paga manda y en política se paga con votos, no solo con dinero. Ahí pudo radicar la gran influencia y posible impunidad de Naasón, y todo habría ido bien para Él, de no ser porque cometió un “pequeño” error: Quiso hacer lo mismo del otro lado de la frontera y allá le fue distinto.
Pero dejemos ahora a Naasón encerrado por allá, y a otros medios hacer leña del árbol caído; ya la justicia se encargará de poner las cosas en su lugar. En vez de eso, vamos al punto que quiero tratar en esta columna: Hace un año platicaba Yo con un amigo muy conocido en la política, de quien no divulgaré el nombre por respeto; pero que mientras disfrutaba Yo de una crema de almejas y una cerveza Pacífico en conocido restaurante me decía: “Todos necesitamos de la política; nadie puede decir que no la necesita porque podemos requerir que alguien poderoso nos eche la mano”. Lo anterior lo decía porque de repente en mis comentarios suelo decir que Yo no vivo de la política, cuestión que en mi partido el PRI, algún poderoso había malinterpretado. ¡Y sí! De hecho, Yo tengo amigos en casi todos los partidos y cuando llego a necesitar de su ayuda, voy a buscarlos sin hacer aspavientos ni andar faroleando de que los conozco; pero la política es un terreno pantanoso en el que hay que cuidarse porque si uno dice o hace algo que haga que la falsa moral del político se vea comprometida, este dejará de hablarnos y hasta jurará tres o más veces que no nos conoce. Esta es, precisamente, la lección que nos deja el asunto de Naasón. Porque hoy todos piden que pague si es culpable; todos se deslindan de Él y aseguran no conocerlo, pero habría que preguntarnos si el Presidente y los expresidentes de México, los diputados, senadores, funcionarios de alto nivel, Gobernador y exgobernadores de Jalisco y hasta regidores y exregidores de Puerto Vallarta propuestos o apoyados por esta secta no conocían lo que ahí pasaba. ¿Y sabe qué? Ha de disculpar lo mal pensado, pero Yo creo que aunque ahora todos se desgarren las vestiduras por las “hermocidades” de Naasón, más de uno sí lo sabía. ¿O usted qué opina?
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