Puerto Vallarta, Jalisco. A 17 de Junio del 2017

 

La Autoridad
Simulada

 
 
 

La ingobernabilidad se palpa en Puerto Vallarta…

 
 
 

Por: Héctor Colín

Puerto Vallarta, Jalisco.- Miles de años han pasado desde la primera vez que el hombre intentó domesticar a un animal salvaje con el objetivo de amansar a la bestia y lograrle una utilidad alterna a solo servir como alimento. Desde aquel entonces, el ser humano entendió que para apaciguar los broncos instintos de “algo o alguien” había que utilizar también la fuerza bruta y disciplinar a palazos. Los indómitos se volvieron dóciles y nació allí la armonía. Con parsimonia se templaron las sociedades; nacieron los derechos y las obligaciones porque la estrategia para disciplinar animales resultó también eficientemente aplicable para los humanos.
Las fuentes del derecho sentaron también las bases de las obligaciones de los individuos para lograr la civilidad, la paz y el respeto mutuo. Con el paso de los siglos, la disciplina civil tuvo sus altibajos pero siempre se logró por medio de algo más violento que el diálogo álgido de los líderes, la imposición de respeto mutuo llevó a algunos países a ser potencias mundiales, la dureza de sus leyes obligó a las generaciones a respetarse y enfocar sus esfuerzos en objetivos que iban más allá de lo que es muy común en México, la corrupción, la violencia y los delitos que se conjugan entre estos dos corrosivos y cotidianos ejercicios.
La indisciplina civil es una enfermedad que se agrava con la impunidad y las autoridades de los tres niveles de gobierno son los continentes de los cultivos de esta forma de fomentar la corrupción que aleja la paz de los pueblos.
México es uno de los países con la legislación más completa, compleja y displicente. Existen leyes para todo, estas suponen garantizar la paz y el correcto desarrollo del pueblo; pocos la respetan y la autoridad se convierte en un ente facultado también para ignorar las estadísticas que colocan a nuestra nación en una de las más violentas del mundo.
La simulación de autoridad permite que los funcionarios públicos se vistan con camisa, cobren salarios altísimos y desproporcionados a su utilidad y eficiencia, viajen con choferes, seguridad y asistencia que al final son nada más que una carga para el pueblo.
La ingobernabilidad se palpa todos los días en Puerto Vallarta, la educación vial no solo molesta, interrumpe y obstaculiza, ahora también provoca la amputación de extremidades y la muerte de seres humanos.
En mi colonia, la autoridad es menos respetada que una cucaracha sobre un taco. El sentido de las calles es poco importante para los brutos, salvajes ciudadanos que nunca han sido castigados por su cotidiana forma de actuar en contra de los demás.
En el resto de la ciudad, la educación vial parece no importarle a nadie, ni siquiera a Everardo Rubio, jefe de Tránsito Municipal, quien llegó a ese puesto después de muchos años de ver caer las cabezas de sus inútiles ex jefes. Al parecer algo sucede con ese puesto. Obnubila al más picudo.
Motociclistas sin caso se justifican por su supuesta relación con el crimen organizado, se matan igual y los sustituyen muy rápido. La mafia debería poner también el ejemplo y obligar a su gente a portar equipo de seguridad para no ser molestados incluso si son parientes cercanos de El Chapo, su integridad también es importante, incluso para los ciudadanos que tenemos que sacarles la vuelta para no embestirlos accidentalmente y que después nos los cobren como si fueran nuevos.
De pronto, los celulares se convirtieron en algo tan importante para la vida de las personas, a tal grado de arriesgar su vida y la de los demás sólo por contestar un mensaje, una llamada o para observar un meme.

¿Por qué no habría yo de hablar por teléfono cuando manejo si la autoridad lo hace?

Es muy fácil ver policías o elementos de tránsito municipal atendiendo su teléfono celular mientras toman con las piernas el volante. Es normal verlos circular en sentido contrario por las calles incluso cuando no se trata de una emergencia.
Las estadísticas de los accidentes se disparan y las pocas multas hacia los ciudadanos parecen evidenciar una falta de eficacia de las autoridades de Tránsito Municipal.
Estamos tan mal en materia de educación vial que el hecho de utilizar elementos de tránsito para cuidar a los jóvenes de las secundarias nos hace pensar en el daño que le estamos haciendo a las futuras generaciones. No las enseñamos a cruzar la calle, la autoridad los sobreprotege porque son más estúpidos que una vaca cruzando la calle.
La tarea no es sencilla, se debe retroceder en el tiempo y sacar los palos, aplicar la ley sin importar los argumentos que colocan a los incorrectos como familiares de algún funcionario del ayuntamiento o pariente de un influyente.
La autoridad hoy es un monigote caro e ineficiente que deja su paso huellas marcadas con sangre de ciudadanos víctimas de la simulación.