Puerto Vallarta, Jalisco. A 14 de Octubre del 2017

 

¡Eyjafjallajökull!

 
 
 

De Reikiavik a la Blue Lagoon y hasta donde nos alcanzó la batería…

 
 
 

Por: Héctor Colín

Hacia el sur de Islandia se ubica el más famoso de los volcanes del mundo y está en lo más alto de la lista de atractivos a considerar por cualquier visitante a la isla, el Eyjafjallajökull.
Iceland, como se le conoce en inglés y su ubicación geográfica es más sencilla cuando se le refiere en una zona entre Groenlandia y Reino Unido, al extremo noroeste de Europa, tanto que, podrías volar a Londres por la módica cantidad de treinta euros.
Islandia tiene la misma cantidad de habitantes que Puerto Vallarta en un territorio similar en tamaño al de Chihuahua, como nórdicos la raza resulta impresionantemente atractiva y se adornan los paisajes con los habitantes locales y su actitud sociable y hospitalaria.

Blue Lagoon

En nuestro plan de viaje habíamos considerado uno de los atractivos imperdibles de Islandia, conocida como Blue Lagoon, es un spa geotermal de alto nivel en el que el visitante debe anticiparse y hacer su reservación para garantizar su visita, no sin antes perderle el amor a ciento veinte dólares que al final, podrían forzarle la mente a sentirse robado, pero no será así, la experiencia vale cada centavo. Blue Lagoon, como su nombre lo dice, es un lago azul con aguas termales con una temperatura oscilante entre los 37 y los 40 grados centígrados y debe su color a la sílica y el reflejo de la luz solar, el agua contiene además de sílica, algas y otros minerales que la hacen única.
Una sesión de relajación, de contemplación y de análisis respecto a dónde estás parado, lo que estás haciendo y lo que queda por delante en un viaje que maravillará cada uno de tus sentidos.

Cómo Viajamos

La llegada al aeropuerto de Reikiavik es tranquila, la policía está relajada y no tiene problemas con la seguridad, incluso es un país que no cuenta con un ejército propio por el bajo índice de inseguridad. La tendencia te contagia y desde el primer contacto con el territorio islandés te sientes cómo en casa, con frío, pero en casa.
El primer paso en un viaje de este tipo es buscar la oficina de la empresa a la que le rentaste un vehículo en el que viajarás y si vas como nosotros, es posible que sea tu hogar durante los próximos cuatro días. Como país de primer mundo la isla completa cuenta con conexión a internet, la aventura se facilita cuando conectas un modem al vehículo y de inmediato e ilimitado el carro se convierte en una oficina en la que la conexión jamás se pierde la señal (te costará una propina, pero valdrá la pena).
Conectados a internet y con la pila puesta, la primera parada fue para rentar el equipo de camping que nos acompañaría en la aventura. Por doscientos veinte dólares, rentamos tres bolsas de dormir, tres colchonetas y una casa de campaña por cuatro días completos.
Con el plan guango por la combinación de nuestro desconocimiento y la emoción de aventurarnos sin restricciones, aprovechamos los más de cien dólares que pagamos en el Blue Lagoon y después de relajarnos tomamos el primer baño del viaje sin saber que sería el último.

Perdí mis calzones

Como cualquier viajero que se jacta de haber perfeccionado la técnica con el tiempo, en mi mochila sólo consideré un par de calzones, la misma cantidad de calcetines, las botas que llevaba puestas, un pantalón limpio y una playera más, si desodorante y con un paquete de cepillo y pasta de dientes de esos que venden en los aeropuertos, nada más, el resto del equipaje era ocupado por dos cámaras, un dron y sus respectivas baterías y cargadores. Y decía que me jacto de haber perfeccionado la técnica al grado de guardar mi peor ropa para los viajes para poder deshacerme de ella después de usada, esto evitaría todo el tiempo cargar ropa sucia y ayudaría a hacer espacio para nuevas cosas. Entendido esto, no podía darme el lujo de cambiarme los calzones el primer día y pensar en secar los que había mojado era simplemente ridículo debido al frío y la humedad de la isla, entonces, me quedé sin calzones desde el primer día.
Fue el mismo día que les platiqué ayer en el que horas más tarde dormiríamos kilómetros después de haber hallado el volcán Eyjafjallajökull. Uno de los retos principales de las personas que viajan como yo, es que nunca sabemos cuándo será nuestra última comida, nuestro último baño o el final de nuestro sueño tranquilo, por ello aprovechamos cada instante, cada barra de granola y cada parada al baño, sin perder tiempo, claro.
Comentaba ayer que esa noche la pasamos en el carro, donde nos detuvimos nos dormimos un par de horas hasta que salió el sol y nos permitió darnos cuenta de que estábamos siendo testigos de una maravilla de la naturaleza, no había manera de explicar el paisaje sin compararlo con la geografía de la tierra donde vivimos. Habíamos conducido casi seiscientos kilómetros hasta donde nos encontrábamos y ese sería nuestro punto de referencia para regresar tranquilos durante el próximo par de días.
Una laguna al pie del glaciar famoso de las fotos de Islandia y una playa de difícil acceso llamada Black Beach o playa negra si usted es regidor de Puerto Vallarta.
Omití platicarte ayer que nuestra principal tarea desde la llegada, fue encontrar la forma de ser testigos de una Aurora Boreal, por neófitos y quizás por mala suerte también, la primera noche no vimos más que oscuridad sobre una carretera que parecía interminable y deshabitada.
El segundo día, montamos un equipo de cacería de Auroras Boreales. Uno de nosotros buscaría las zonas despejadas de nubes, el otro se encargaría de monitorear la trayectoria de la Aurora Boreal en el planeta y el sobrante manejaría como loco hasta alcanzar la zona ideal para observar el maravilloso fenómeno.