Puerto Vallarta, Jalisco. A 28 de Noviembre del 2020

 

    Hablemos de la décima musa

    Por Raúl Gibrán

    El pasado 12 de noviembre se celebró el natalicio de quien para muchos es considerada la gran poeta de México, Juana Inés de la Cruz, así, concreto y extenso como lo escribo, sin decir poesía joven, femenina, indígena o cualquier otro adjetivo, pues la poesía es simple y pura poesía, no necesita esa clase de divisiones.
    Sor Juana, primero es sus versos, la última barroca se le denominó también, la elegancia en el decir, su ritmo fluido y preciso, no hubo una letra que le sobrara. Su temática tan íntima, pero también logra un encontrarnos en su tinta, reconocernos y claro, en momentos avergonzarnos.
    Antes de seguir hablando del personaje de hoy, valga una importante aclaración ¿Poeta o Poetiza? Es un asunto viejo, desgastado, eso se debatió hace décadas y se volvió a debatir ayer. Al caso impera Poeta, pues poetiza tiene un origen peyorativo, eso es un punto que le resto bastante apoyo, también tomar en cuenta lo que comentaba al inicio, la poesía no necesita divisiones, simplemente es poesía, así que es el poeta o la poeta. Hace muy poco, cuando una poeta fue galardonada con el Nobel se volvió a revivir el asunto de poetiza en algunos medios de comunicación.
    Sor Juana, tan inmortal en sus poemas como en su vida, que al parecer fue también un poema. Una mujer de ideas bien definidas priorizó siempre el saber, el conocimiento, eso antes que la belleza física, dicho sea de paso, esa belleza no le faltaba, pues son muchos los que la cortejaban. Claro, no únicamente por el físico, era un personaje de gran admiración y personalidad.
    Tan controvertida en pequeños detalles como en grandes, hasta en su fecha de nacimiento existe debate, algunos dicen que, en 1651, parece ser esa es la fecha correcta, pero muchas fuentes dicen que nació en 1648, como dato curioso la Secretaría de Cultura el pasado 12 de noviembre hizo varias publicaciones y mencionó la fecha de 1648 como nacimiento, cosa que no perdonaron los navegantes, se prendió el asunto.
    Otra cosa es el ser mexicana, bueno, nació en México, en San Miguel Nepantla, Estado de México, pero la cosa es que su madre Isabel Ramírez fue criolla y su padre el capitán de origen vizcaíno Pedro Manuel de Asbaje.
    Niña prodigio, aprendió a leer y escribir a los 3 años, a los 8 escribió su primera loa. Desde muy pequeña sorprendió a los intelectuales del mundo. Se considera era escasa su vocación religiosa, simplemente eran tiempos distintos y para poder gozar de la vida intelectual y seguir sola, pues necesitó entrar al convento primero de las Carmelitas Descalzas, que abandonó por cuestiones de salud meses después, pasado un tiempo entró y ya fue definitivo al convento de San Jerónimo. Era eso o el matrimonio. Pues llegó un punto que su celda era el punto de reunión para los grandes intelectuales de la época.
    Aquí llego al punto en el que podría contar los 101 poemas que conforman la vida de Sor Juana, quizá debería decir cuentos. Aquello de rapar su cabeza, pues al lograr su meta de aprender algo en cierto tiempo, ella consideraba su cabeza no merecía esa linda cabellera. Quizá las cartas de amor y pasión que intercambió con varios hombres, algunas mujeres también. Aquello que con su muerte fue olvidada por un periodo de tiempo y descubierta unas cuantas décadas después para lograr la inmortalidad.  Pero creo Sor Juana es más grande que esas minutas, sus versos son los que deben hablar por ella y no esos detalles de vida. (Recordé el libro de Neruda: Confieso que he vivido, así la décima musa, simplemente un ser viviendo y un poeta acariciando el reloj.)
    Vamos a disfrutar de sus versos, no sin antes decir que su obra en prosa es muy interesante también.

    Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba

    Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
    como en tu rostro y en tus acciones vía
    que con palabras no te persuadía,
    que el corazón me vieses deseaba;

    y Amor, que mis intentos ayudaba,
    venció lo que imposible parecía,
    pues entre el llanto que el dolor vertía,
    el corazón deshecho destilaba.

    Baste ya de rigores, mi bien, baste,
    no te atormenten más celos tiranos,
    ni el vil recelo tu quietud contraste

    con sombras necias, con indicios vanos:
    pues ya en líquido humor viste y tocaste
    mi corazón deshecho entre tus manos

    En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas?

    En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas?
    ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento
    poner bellezas en mi entendimiento
    y no mi entendimiento en las bellezas?

    Yo no estimo tesoros ni riquezas;
    y así, siempre me causa más contento
    poner riquezas en mi pensamiento
    que no mi pensamiento en las riquezas.

    Y no estimo hermosura que, vencida,
    es despojo civil de las edades,
    ni riqueza me agrada fementida,

    teniendo por mejor, en mis verdades,
    consumir vanidades de la vida
    que consumir la vida en vanidades.

    Éste que ves, engaño colorido

    Éste que ves, engaño colorido,
    que, del arte ostentando los primores,
    con falsos silogismos de colores
    es cauteloso engaño del sentido;

    éste, en quien la lisonja ha pretendido
    excusar de los años los horrores,
    y venciendo del tiempo los rigores
    triunfar de la vejez y del olvido,

    es un vano artificio del cuidado,
    es una flor al viento delicada,
    es un resguardo inútil para el hado:

    es una necia diligencia errada,
    es un afán caduco y, bien mirado,
    es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.

    Cierro pidiendo una disculpa por no agregar el más conocido de sus poemas, cuando menos en nuestro país, aquello de Hombres necios que acusáis / a la mujer sin razón. ¿Qué puedo decir? Bueno, en mi defensa diré que es tan trillado que consideré podía resultar de mayor interés los que he compartido con ustedes